miércoles, 14 de julio de 2010

el viento del sol,

de arthur c. clarke, fue una de las primeras novelas que leí de ciencia ficción, siendo un niño(*); un niño que creía que de mayor viviría en marte y descubriría nuevos planetas y esas cosas que los niños sueñan y luego no son. o tardan en ser. aunque nunca es tarde si la dicha es buena: la sonda japonesa ikaros (イカロス) navega, impulsada por una radiación sutil, rumbo a venus. eso significa que nunca podré huir de aquí, lástima, pero que alguien lo hará en mi lugar en un futuro. bien de algunos, consuelo de otros. daniel martin explica en su blog el proceso, tan equilibrado y minimalista como una ceremonia del té. no en vano la sonda es japonesa. el imperio del sol naciente...



(*): cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, ¿dejé las cosas de niño?. corintios, 13:11

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